Una de las ideas más afincadas en el tratamiento de la pobreza es la existencia de un círculo virtuoso entre crecimiento económico y superación de la pobreza. El nexo entre ambos conceptos estaría dado por el empleo, pues el origen fundamental de los ingresos son las fuentes salariales o no salariales autónomas.
En el primer caso -ingresos salariales- la pregunta clave es, entonces, ¿cómo, en un contexto de flexibilidad del mercado del trabajo, se garantiza que los efectos positivos del empleo sobre los ingresos salariales permitan una solución efectiva y duradera de la pobreza?
En el segundo -los ingresos no salariales originados en actividades productivas-, la pregunta anterior se extiende hacia el tipo de vínculo entre crecimiento de la gran y la pequeña producción, particularmente en el contexto de un estilo de crecimiento que profundiza la heterogeneidad.
Teniendo en cuenta lo antes planteado sobre las dimensiones de pobreza (o necesidades básicas) que son posibles de satisfacer a través de la obtención de un ingreso (dependiendo del nivel), se abren a la discusión y a la puesta de atención para la elaboración de políticas los siguientes temas:
Por último, existe una dimensión relacionada con un nivel más agregado que se relaciona con la dinámica crecimiento-contracción y el trade-off entre política fiscal como estabilizador versus política fiscal redistributiva. Esto importa a la hora de evaluar la permanencia de políticas de infraestructura de carácter público, ligada por un lado al acceso a servicios tales como salud y educación (en parte tocada por los puntos anteriores), y por otro a la facilitación de las diversas operaciones de carácter productivo y distributivo.