Desarrollo Humano en Chile: Propuesta de un índice

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Primera Parte: El Desarrollo Humano

 

Introducción

El crecimiento de la economía es muy importante para lograr el bienestar de las sociedades. Este crecimiento tendría lugar "...cuando el incremento en porcentaje, a largo plazo, de la producción total (del ingreso nacional) es igual al incremento en porcentaje, a largo plazo, de la población. Así pues, el crecimiento económico indica que hay un ingreso per cápita real constante y un población creciente..."[1]. De esta suerte de definición, podríamos extraer que el concepto de crecimiento económico se refiere únicamente al aumento de la producción (por cuanto su medición está referida a cambios en el P.N.B en términos reales) de bienes y servicios y no incluiría, por tanto, ninguna apreciación sobre otros objetivos económicos de la autoridad económica tales como distribución del ingreso, mejoramiento de las condiciones de vida, etc., que forman parte de un concepto menos preciso y más debatido: el desarrollo económico.

 

Esto nos hace reflexionar sobre la necesidad, que tiene cualquier nación que desee un alto y constante crecimiento, en estos tiempos de globalización y cambio permanente, de invertir en sostenibilidad humana, es decir, en un desarrollo económico que integre y no margine. Un mercado integrador en una economía crecientemente internacionalizada, como es el caso de la chilena, es una aspiración y, al mismo tiempo, un desafío de primera significación para un desarrollo humano sustentable. Lo anterior porque la globalización es un proceso que pareciera irreversible. Pero es necesario prever sus posibles efectos desarticuladores para la relación preexistente entre estado, economía y sociedad.

 

En estos últimos 30 años Chile ha avanzado en múltiples aspectos del desarrollo humano. Ha creado condiciones institucionales favorables para el crecimiento económico y ha mejorado ostensiblemente sus indicadores de desarrollo humano. También ha logrado competitividad empresarial y una cierta racionalidad de la gestión pública. Sin embargo, es necesario garantizar que esos avances sean crecientes, equitativos y sostenibles en el futuro.

 

Existen fuertes e importantes desequilibrios en el plano socioeconómico, político y territorial que es necesario continuar superando. En las actuales circunstancias buena parte de las relaciones entre estado, sociedad y economía están en tensión. Resolver creativamente esta tensión es cada vez más urgente para enfrentar las incertidumbres derivadas de las velocidades de los cambios comerciales, comunicativos, tecnológicos e institucionales de la sociedad y economía moderna e internacional.

 

Para ello es importante revalorizar la política como actividad que ordene una nueva relación entre el estado, la sociedad y la economía. En Chile, este es un proceso en desarrollo que puede tener una gran oportunidad dado los cambios estructurales en el rol del mercado, del estado y la sociedad civil al interior de un esquema democrático. La fortaleza de las instituciones y los consensos logrados, permiten adecuar estos modos de relación en forma concertada.

 

La economía orientada al desarrollo humano creará la condiciones de seguridad individual y colectiva, entendida ésta ya no sólo como la protección frente a los desastres de la naturaleza y de la guerra. La seguridad humana, como aquí se entiende, responde cada día más a las preguntas de la vida cotidiana de la gente referidas a la disponibilidad de alimentos, vivienda, empleos, resguardo frente a la delincuencia, a las discriminaciones y a la arbitrariedad. Sólo potenciando la capacidad de acción del hombre sobre si mismo y de las institucionalidad social, se podrá de veras lograr la sostenibilidad y la seguridad de una sociedad en el futuro.

 

Derivado de lo expuesto se propone que el problema del desarrollo humano involucra entender a éste como un concepto dinámico que encierra varias dimensiones que ligan el desarrollo económico de una nación con el desarrollo cultural, el ámbito político, la equidad y la calidad material de vida de la población. Esta conceptualización ha sido desarrollada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en contraposición a la noción restringida de crecimiento económico como objetivo central del desarrollo de los países.

 

El informe del PNUD de 1990, destaca que la obtención de un ingreso constituye un medio y no un fin, ya que extremando las situaciones, el ingreso puede utilizarse para adquirir medicamentos esenciales o bien para acceder a las drogas. Todo lo anterior se resume claramente en "...el bienestar de una sociedad depende del uso que se le da al ingreso, no del ingreso mismo."[2]. Streeten refuerza que "...el desarrollo humano se define como la ampliación de la gama de opciones de la población, ya que consiste e dar a todos oportunidades."[3]

 

Desde esta perspectiva, los seres humanos deben ser considerados, al mismo tiempo, como sujetos de la democracia y como los gestores y beneficiarios del desarrollo. De esta forma el ingreso es solamente una de las opciones que las personas aspiran a tener aún cuando es, por cierto, muy importante. Pero no abarca el total de sus vidas. El propósito del desarrollo humano es ampliar todas las opciones humanas, más allá del bienestar material o la mera satisfacción de las necesidades básicas.

 

Lo anterior lleva afirmar que la noción de desarrollo humano tiene relevancia, no sólo para los países con bajos o medianos niveles de ingreso, sino también para los países ricos.

 

En esta perspectiva entonces, la dinámica económica implicaría, preferentemente, la posibilidad de acceder a bienes y servicios materiales. La participación en el mercado como productor o consumidor tan sólo produce la satisfacción de algunas necesidades post materiales. Resulta previsible, cada vez con más fuerza, una reacción a la absolutización del mercado como instrumento para responder a un conjunto de demandas, sociales valóricas, culturales, ambientales y de mayor espiritualidad.

 

El mercado es un importante e irremplazable instrumento para una eficiente asignación de recursos, pero él no ordena la sociedad, puede crear desequilibrios ambientales, inequidades en el desarrollo espacial y segmentación en la integración social.

 

Desde la óptica del desarrollo humano, lo único que puede sacar a la gente de la pobreza será la motivación y el esfuerzo de los propios interesados para asumir las oportunidades que el estado y la sociedad deben generar. El desarrollo tiene que ser, entonces, concebido como un bien público de toda la sociedad, si ésta misma no quiere verse sometida a mayores tensiones y riesgos de estabilidad que afecte el mismo crecimiento económico.

 

Centrado en esta perspectiva, el PNUD desarrolló una metodología basada en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), y que reemplaza la preeminencia del Ingreso per capita como indicador socioeconómico. Este índice tiene como objetivo (no exclusivo) el comparar los niveles de desempeño de los distintos países. Desde el punto de vista conceptual, el IDH, intenta ser una aproximación a la medición de los niveles de desarrollo humano de las personas en los distintos países.

 

Crecimiento económico y desarrollo humano.

El crecimiento del país siempre ha sido entendido en relación al desarrollo de las personas. Históricamente este desarrollo ha sido interpretado en base al crecimiento experimentado por la economía, y por lo tanto ligado al nivel de ingreso promedio de la sociedad. De otra forma el bienestar de la sociedad estaría ligado, en la visión tradicional, al nivel de ingreso y no al uso que se da a ese ingreso.

 

Esta idea parte de la hipótesis de que no existe una relación mecánica entre crecimiento económico y desarrollo humano, dado que éste es el resultado del impacto conjunto de una serie de otros condicionantes. Además se trataría de dar centralidad a la persona como el objetivo sustancial de la planificación del desarrollo, en su doble dimensión: gestor y beneficiario del desarrollo. Así, el crecimiento económico no asegura, por sí solo, desarrollo social y menos aún equidad; ni el desarrollo social, por sí solo, asegura un mayor desarrollo humano.

 

Por otro lado se trataría de definir una metodología de medición del desarrollo humano, que se contraponga a la medición del bienestar en función del consumo de bienes.

 

Se intenta entonces, proponer un concepto de desarrollo humano que se caracterizaría por una visión multidimensional en relación a las condiciones de vida "reales" de las personas. De esta forma intenta vincular, dinámicamente:

  1. Crecimiento económico
  2. Condicionantes políticas como seguridad y paz social, participación ciudadana, régimen democrático.
  3. Desarrollo social y equidad, incremento equitativo del ingreso per capita, en función del crecimiento de la economía, satisfacción de necesidades básicas, acceso a salud y educación, etc.
  4. Preservación de recursos naturales, especialmente los no-renovables.

Uno de los principales supuestos a la base de esta conceptualización, es que la relación entre crecimiento y equidad está estrechamente asociada a la proporción de recursos que la sociedad haya destinado al desarrollo de las personas. Así, la existencia de políticas públicas tendientes al desarrollo de las capacidades de toda sociedad, es uno de los elementos potenciadores de un mayor desarrollo humano en el contexto de crecimiento de la economía. El crecimiento sin una preocupación social o el desarrollo de las capacidades de las personas, no conlleva a un mayor desarrollo humano.

 

La vinculación entre desarrollo económico y el nivel de vida de la población es un tema central de las diversas teorías del crecimiento económico. Sabemos que esa relación es factible de mostrar. pero ¿cómo y mediante qué mecanismos el crecimiento de la economía puede arrastrar o no a una elevación del nivel de vida de la población?. Hoy la internacionalización de las economías, la apertura de los mercados ha conllevado una difusa relación entre el bienestar de la población y el crecimiento económico. Podríamos suponer que un sostenido crecimiento económico sostenido en un dinamismo exportador, debería arrastrar, como efecto indirecto, al crecimiento de otros sectores no exportadores -como servicios, comercio, banca y construcción- y ello derivar a su vez en un incremento del empleo, las remuneraciones y por ende de la calidad de vida de la población.

 

Relevancia de la propuesta de un Índice de Desarrollo Humano (IDH) para la planificación.

Uno de los objetivos centrales del IDH, sería el poner de manifiesto las disparidades que existen entre los distintos países, y también como veremos, al interior del país, las desigualdades geográficas en la calidad y nivel de la vida de la población. De esta forma se persigue que el IDH, contribuya al diseño de políticas públicas que velen porque el nivel de vida de la población no se reduzca de forma que no posibilite su desarrollo, incluso llegando a transformarse en un índice de evaluación de la equidad de las regiones en el proceso de desarrollo.

 

Así el IDH, ayudaría en el diagnóstico, definición de metas, obtención y asignación de recursos, diseño e implementación de políticas y movilización de actores, a fin de configurar un Estrategia de Desarrollo Global, basada en los contenidos de los objetivos del desarrollo humano antes descritos.

 

En definitiva, la elaboración de un IDH, es de gran relevancia dada la heterogeneidad geográfica de las distintas regiones del planeta, la amplia diversidad productiva entre una zona y otra, así como la desigual "distribución" de los recursos naturales. Todos estos factores actúan de manera diferenciada en los niveles de desarrollo humano de la población. Se pretende que la composición de índice permitirá saber en cuales de sus dimensiones cada región se encuentra más avanzada o rezagada. Este tipo de información puede ser orientadora respecto al espectro de políticas sociales posibles de aplicar y a la definición y justificación de las prioridades.

 

Hipótesis del IDH.

La hipótesis que subyace a la metodología del IDH es que no existe una relación mecánica entre crecimiento económico (medido a través del PIB) y desarrollo humano (desde la perspectiva planteada), dado que éste es el resultado conjunto de la acción de una serie de otras condicionantes.

 

Definición conceptual de la variable.

El concepto de desarrollo humano planteado aquí, constituye una orientación de los procesos en función de ampliar las oportunidades de las personas, que conlleva a una potenciación de las personas. Este concepto intenta ir más allá de la definición de desarrollo humano sobre la simple satisfacción de necesidades básicas.

 

Esto supondría contar con una economía nacional capaz de crecer sin poner en riesgo las oportunidades de las generaciones futuras, por tanto sin poner en riesgo ni agotar recursos naturales y del medio ambiente.

 

Dimensiones de la variable.

Desde el punto de vista conceptual, el IDH, intenta ser una aproximación a la medición de los niveles de desarrollo humano de las personas en las distintas regiones. Por razones metodológicas, el índice no incluye todos los ámbitos que el concepto de desarrollo humano considera. En síntesis, el concepto de desarrollo humano considera sólo tres dimensiones: el crecimiento económico (disponibilidad de recursos), acceso a la salud y el acceso a la educación.

 

Estas dimensiones reflejan en sí mismas la evolución de muchas otras variables a lo largo del tiempo. Son por consiguiente una síntesis de los diversos elementos que conforman el desarrollo humano, dado que están ligadas al nivel de vida de la población, pero también al desempeño de indicadores sociales, del ámbito de la salud y la educación.

 

Indicadores de la variable y sus implicaciones metodológicas.

Es claro que una concreción metodológica de las dimensiones anotadas para el IDH, no da cuenta ni agota toda la riqueza conceptual y teórica del Desarrollo Humano (el índice no es el concepto). Dicha pérdida de información es propia de la elaboración de indicadores socioeconómicos y se explica por la ya anotada multidimensionalidad del fenómeno.

 

En el caso de la salud, se mide la esperanza de vida al nacer y la mortalidad infantil. Estos indicadores sintetizan la situación nutricional de la población, el avance de los programas de salud pública, niveles de sanidad ambiental, desarrollo de la infraestructura sanitaria (agua potable por ejemplo), existencia de profesionales y técnicos capacitados en las áreas de salud, etc.

 

En el área de la educación, se consideran dos indicadores, el alfabetismo adulto (en términos de porcentaje) y la mediana de años de escolaridad de personas mayores de 25 años. Este último indicador divide en dos la población en función de los años de escolaridad, de modo que si afirmamos que Chile tiene una mediana de escolaridad de 7.6 años, decimos que el 50% de los chilenos mayores de 25 años, tiene una escolaridad menor a esta cifra, en tanto que la otra mitad esta por sobre ella. Por último se considera la cobertura de la educación media a nivel regional.

 

En el área de crecimiento económico, se considera la disponibilidad de recursos, la cuál es medida a partir del poder adquisitivo en base al PIB[4] per capita, ajustado por el costo local de vida.

 

Es claro que la utilización de estos indicadores puede generar controversia, por cuanto se plantea que existen otros indicadores para cada una de las dimensiones propuestas que quizás daría mejor cuenta de los procesos locales, pero la elección de estos indicadores se ajusta a la estructura metodológica del IDH. Esta estructura es el resultado de un proyecto del PNUD por construir un índice comparable entre países, que requirió recoger un número reducido de indicadores para los cuales se contara con información estadística completa y confiable y, por tanto, con capacidad discriminatoria entre países.

 

Por otro lado, cada uno de los indicadores se ajusta a la necesidad de contar con un índice comparable entre países (y como veremos entre las regiones en Chile) y con la necesidad de poder registrar un “desarrollo” temporal del mismo, que permita deconstruir el índice para períodos anteriores. Si bien podrían incluirse otros indicadores (camas de hospital per capita, u otros), no es posible contar con información homogénea para todos los países (y tampoco para todas las regiones en Chile) y, por otro lado, no se pueden encontrar registros detallados para cada período. Es así que los indicadores definidos se encuentran disponibles para todos los países en forma de estadísticas fiscales mínimas (lo mismo sucede a nivel de las regiones en Chile) y para todo los períodos.

 

Segunda Parte: Conceptualización de un Índice Regional.

 

Construcción del índice de desarrollo regional (IDHR).

Vistas las conceptualizaciones, cabría formular la pregunta sobre la relación entre crecimiento económico, desarrollo humano y la equidad entre regiones de Chile. De otra forma se busca observar cuales son los actuales niveles de desarrollo humano nacional, regional y local, como resultado de los esfuerzos acumulados en el pasado. Así, el índice que se espera plantear aquí, corresponde a un índice sociométrico, que no es otra cosa que una escala sumatoria. Los valores que se suman son los números que se asignan a cada una de las categorías en que se dividen los indicadores componentes. Según Briones[5], los indicadores más comunes con los que se pueden construir índices socioeconómicos, son:

  1. Nivel de Ingreso
  2. Nivel Educacional
  3. Ocupación

A éstos podríamos agregar:

  1. Nivel de Salud

Asimismo agrega, que además de su validez lógica, diversos estudios han demostrado la alta correlación entre estas variables componentes, de tal modo que su utilización estaría empíricamente justificada.

 

De esta forma, se intenta construir un índice que permita vincular niveles de crecimiento del PIB, con condiciones de acceso a la salud y a la educación, en la hipótesis de que no existe una relación mecánica entre crecimiento económico y desarrollo humano. La hipótesis que subyace a este planteamiento podría ser planteada como: verificar si el alto crecimiento experimentado por la economía chilena en la última década se ha plasmado en un mayor nivel de desarrollo humano, no sólo a nivel nacional (como lo muestran los estudios sobre el desarrollo realizados por el PNUD), sino a nivel de cada región del país.

 

Para la construcción de este IDHR, se consideran los indicadores, valores máximos y mínimos, y ponderaciones siguientes:

 

Tabla 01

Indicadores para la construcción del IDHR

 

 

 

Estandarización de los indicadores.

El cálculo de este índice, correspondería al de la construcción de un índice complejo, en el que combinan de diversas formas (suma, división, etc.), los indicadores definidos. Así, los indicadores elegidos se combinan, pero debido a que algunos se expresan en porcentaje y otros en valores absolutos, se hace inevitable un proceso de estandarización.

 

La estandarización de los indicadores es necesaria para poder combinar variables que están expresadas en unidades de medida distintas, dado que a partir del cálculo todas ellas se estandarizan en una escala común de cero a uno (0 -1).

 

De esta forma, el cálculo la estandarización de indicadores (INi) del IDHR, sigue la siguiente formula general:

 

 

Cálculo del índice IDHR

Así, en términos esquemáticos, el cálculo del IDHR adopta la siguiente forma:

 

 

Observaciones metodológicas al índice.

La propuesta de índice reúne, conflictivamente variables de distinta naturaleza. Así la esperanza de vida y las variables de educación son más bien del tipo "stock", mientras que el PGB o el ingreso de los hogares son variables mas bien de "flujo".

 

Es así que las variables de tipo "stock" (esperanza de vida y educación) presentarán un comportamiento más estable en el tiempo, ya que son de carácter estructural y evolucionan lentamente dado los fenómenos que en ellas inciden. Por su parte las variables de "flujo" (ingreso), tienen un comportamiento más coyuntural, estando sujetas a variaciones en el corto plazo.

 

Esta situación presenta una seria desventaja, si bien, resulta interesante analizar conjuntamente fenómenos de uno y otro tipo, se debe poner mucha atención al momento de interpretar tanto las fuentes de variabilidad de los datos globales (se enfatiza que los datos provienen de fuentes secundarias), como las posibles relaciones causales o explicativas en que se involucre la acción de dichas variables.

 

Por otro lado el hecho de ajustarse a la metodología del PNUD, si bien aporta una ventaja que se traduce en una mejora de la comparabilidad internacional del IDH, y la interpretación del índice en el tiempo; no es menos cierto que eso puede generar una disminución de su capacidad discriminativa, pero sin duda se trata de un esfuerzo de universalización de la medición del desarrollo humano.

 

Índice de Desarrollo Humano Regional

El Índice de Desarrollo Humano se ha calculado según la misma metodología utilizada en los Informes del PNUD, para cada una de las regiones del país.

 

Tabla 2

Índice de Desarrollo Humano - Chile 1992

 

 

 

Gráfico 1

Índice de Desarrollo Humano - Chile 1992

 

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El análisis de la información resultante muestra que para 1992 las regiones de Tarapacá (I), Antofagasta (II), Atacama (III), Valparaíso (V), Magallanes (XII) y Metropolitana son las que presentan un mayor nivel de desarrollo humano. Mientras que las regiones de Coquimbo (IV), O`Higgins (VI), Maule (VII), Bío-Bío (VIII), Araucanía (IX), Los Lagos (X) y Aisén (XI) están bajo el valor nacional del Índice que es 0.851.

 

Se comprueba que a pesar de que Chile tiene un nivel de desarrollo alto, hay incluso dos regiones: la IX y X que se sitúan bajo el nivel de 0.800 que es el nivel internacional mínimo de los países de alto desarrollo.

 

Lo anterior es ya una muestra de la pertinencia de la desagregación puesto que coexisten al interior de Chile regiones con distintos niveles de desarrollo humano que no se reflejan en el valor global del índice.

 

Al comparar los resultados regionales con el valor nacional del IDH, apreciamos una mayor heterogeneidad intra-país ya que seis regiones se ubican sobre dicho valor y siete lo hacen por debajo de él.

 

En general, del ranking regional (Gráfico 1) se destaca en forma especial el hecho de que toda la zona centro-sur del país, desde la región O`Higgins (VI) hasta la de Aisén (XI), se encuentran por debajo del valor nacional del índice.

 

La zona centro-norte, en cambio, muestra desde Tarapacá (I) hasta la Región Metropolitana una situación opuesta, resaltando sólo la región de Coquimbo (IV) como la única de IDH bajo el valor nacional (0.851).

 

Particularmente se encuentra que, en el primer lugar de clasificación aparece la región de Tarapacá con un IDH de 0.874, mientras que en última ubicación aparece la región de la Araucanía con un valor IDH de 0.658 (lo que representa un 25% menos).

 

Por otro lado, uno de los puntos más firmemente sostenidos por los impulsores del IDH y reafirmado teóricamente en este informe, es la no existencia de un vínculo automático entre el desarrollo económico y el desarrollo humano lo cual posibilitaría a nivel de resultados, el que países - o regiones en este caso - con similares niveles de PIB presentaran niveles distintos de IDH o viceversa.

 

De la desagregación del IDH, es posible deducir algunos ejemplos que avalan dicho argumento: del grupo de regiones que muestran valores superiores al valor nacional (y que pueden considerarse como de similar IDH) no todas poseen un nivel similar de PIB per cápita, tal como se muestra en el Tabla 3. Lo más destacable es el caso de las regiones de Atacama y Valparaíso, puesto que éstas incluso presentan valores PIB inferiores al valor nacional.

 

Tabla 3

Índice de Desarrollo Humano & PIB - Chile 1992

 

 

Del mismo modo pueden destacarse los casos de la región de Coquimbo junto a la de Bío-Bío (IDH similar, PIB diferente) o el caso de Valparaíso y O`Higgins (PIB similar, IDH diferente).

 

La relación positiva entre crecimiento y desarrollo humano, puede observarse en el Tabla 3. La región de Maule es la que aparece con un mayor crecimiento del PIB y mejoramiento del IDH en el período analizado pero con bajos niveles del mismo. Luego, un conjunto de regiones parece efectivamente seguir esa senda de mejoramiento de los aspectos económicos y aumento del bienestar. Estas son las regiones de Atacama, Coquimbo, Valparaíso, O'Higgins, Bío-Bío, Araucanía, Los Lagos y Aisén. Todas ellas se sitúan en la trayectoria que combina crecimiento con desarrollo humano.

 

Las regiones de Magallanes y Tarapacá también se encuentran en torno a esa trayectoria con un alta vinculación entre crecimiento del PIB e IDH, pero a niveles de muy bajo crecimiento de ambos indicadores. Estas regiones están entre las que tienen un mayor nivel de PIB per cápita y un mayor IDH. En ambos casos, ya es mucho más costoso mejorar el desarrollo humano por sobre los niveles alcanzados.

 

Al igual que en los casos anteriores la región Metropolitana y la de Antofagasta se sitúan entre los mayores niveles de PIB per cápita y los más elevados IDH del país. Sin embargo, aunque ambas han seguido mostrando un crecimiento económico elevado, ello no redunda en un mejoramiento del bienestar de la población (que ya alcanza un nivel relativamente alto). Esto se manifiesta en el hecho de que ambas regiones se alejan de la trayectoria de crecimiento con aumento del desarrollo humano, pero considerando que la Región Metropolitana ha alcanzado ya un nivel de desarrollo humano bastante alto.

 

Conclusiones

Una de las principales interrogantes planteadas al abordar este trabajo ha sido la de evaluar si el proceso de crecimiento económico que Chile ha tenido durante los últimos diez años ha significado un mejoramiento del desarrollo humano.

 

Utilizando el Índice de Desarrollo Humano se puede concluir que éste ha mejorado notoriamente entre 1982 y 1992, tanto a nivel nacional como de cada una de las regiones del país. En este período el componente económico del desarrollo humano es uno de los que más logros ha alcanzado.

 

El resultado obtenido en la evolución del IDH entre 1982 y 1992 podría descomponerse en dos períodos distintos que son en algunos aspectos totalmente opuestos:

  • El primero desde 1982 a 1989 corresponde al gobierno militar y se da en un contexto inicial de crisis económica entre 1982 y 1983, con una posterior recuperación basada en el auge exportador. Durante todo este período se produce una contracción del gasto público y más específicamente, del gasto social.
  • El segundo período va desde 1990 a 1992, es decir, los tres primeros años del retorno a la democracia. Durante estos años, se mantiene un alto ritmo de crecimiento económico y de auge de las exportaciones, con un "peak" de inversión externa. El gobierno impulsa una reforma tributaria para financiar una fuerte expansión del gasto social, especialmente el destinado a los más pobres. En estos primeros años se lleva a cabo un proceso de concertación entre agentes económicos para lograr un importante mejoramiento de las remuneraciones, especialmente del salario mínimo.

De hecho, entre 1982 y 1990 se produce un incremento de la población en situación de pobreza, pero entre 1990 y 1992 se invierte este proceso y se verifica una importante reducción de ésta.

 

Durante el período democrático, se le imprime al modelo de desarrollo económico una dosis de mayor equidad que permite reforzar el efecto que tiene sobre el bienestar de la población el auge económico, con medidas y políticas que tienden a reducir la pobreza y mejorar el acceso y la calidad de la salud y educación.

 

A pesar de que la relación entre PIB y desarrollo humano no es mecánica, se comprueba que en Chile ambas variables se vinculan positivamente, ya que la mayor parte de las regiones parece estar siguiendo una trayectoria de crecimiento del PIB con incremento del IDH (ver Tabla 3). Allí se observa que algunas regiones se sitúan a altos niveles de aumento del desarrollo humano y de crecimiento del PIB, y que la gran masa de ellas está a niveles también relativamente altos de ambos indicadores. Pero más relevante aún es el hecho de que aquellas que están a niveles bajos, se encuentran en lo que se ha denominado la "senda" de crecimiento con desarrollo humano.

 

De igual manera, puede establecerse una relación entre crecimiento económico (medido con el PIB) y mejoramiento del Desarrollo Humano (medido con el IDH 94 densificado). Las excepciones son aquellas regiones cuyo esfuerzo reciente ha intensificado su crecimiento y en las cuales el índice de desarrollo humano parte de un nivel bastante alto. Ello no significa que el tema del desarrollo humano no deba ser prioritario para evitar que el crecimiento provoque costos en la calidad de la vida y en el bienestar de la población.

 

Sin embargo, uno de los más importantes aportes del Índice de Desarrollo Humano del PNUD ha sido demostrar que a iguales niveles de crecimiento económico pueden coexistir muy diferentes etapas de desarrollo humano. A su vez, que en cada país se manifiestan también internamente desigualdades en las oportunidades entre hombres y mujeres, entre regiones, entre comunas, entre hogares pobres y no pobres.

 


 

[1] Zimmerman, L.J.. Países pobres, países ricos. Ed. Siglo XII, México, 1996. Pág. 17.

[2] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Informe del Desarrollo Humano 1990. Nueva York, 1990.

[3] Streeten, Paul. Desarrollo Humano: el debate sobre el índice. En: Revista Internacional de Ciencias Sociales, UNESCO, N°143, Marzo 1995.

[4] Producto Interno Bruto. Producción total para uso final de bienes y servicios de una economía, realizada tanto por residentes como por no residentes, y considerada independientemente de la nacionalidad de los propietarios de los factores.

[5] Briones, Guillermo. Métodos y Técnicas de investigación para las ciencias sociales. Ed. Trillas, México, 1990.

[6] Paridades de Poder Adquisitivo. Equivale al P.I.B. per capita real. La utilización de los tipos de cambio para convertir monedas nacional en dólares EE.UU., no se puede medir los poderes adquisitivos relativos de las monedas de cada país, y por tanto no se puede realizar comparaciones entre países. La elaboración del PPA, se hace en base a una medida del PIB real, en una escala comparable internacionalmente, utilizando como factor de conversión -en vez de tipos de cambios-, paridades de poder adquisitivo.

 

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